ZH2NO, la gota que colma el vaso

Murcia: Jamás el turismo causó tanta destrucción

(Texto repartido en algunas zonas del sureste penínsular)

A casi tres años del pistoletazo de salida a la locura del ladrillo, y de que casi todos los proyectos urbanísticos e infraestructurales estén en construcción o aprobados, da comienzo en la Región de Murcia la campaña mediática que pretende no solo hacernos bailar al son loco y arrollador de las grúas y hormigoneras, sino también convencer a la población de las innumerables ventajas que para ella supone el mar de hierro y cemento en el que se entierra nuestro futuro.

Con el grotesco nombre de “Nunca el turismo dio tanto trabajo” se inicia una campaña en la cual se nos viene a decir que el modelo económico agrícola de la región era inviable y con la nueva reconversión al sector turístico o servicios la población se lleva la mejor parte.

Cursos de hostelería, de animador sociocultural, de payaso de feria… nuevas profesiones que con la llegada de ese bien mayor, que aterrizara desde mas allá de nuestras fronteras cargado de riquezas, harán la vida de este desierto de cemento mucho más prospera. Un Bienvenido mister Marshall en que llegados y residentes cumplen al final un único papel en este teatro hastiado: Enriquecer y fortalecer a un sector inundado de ladrones y malnacidos que han encontrado en la costa, huertas y montes de esta región y otras de la península, la gallina de los huevos de oro y no dudan en destriparla.

Como si de unos reyes Midas malignos se tratasen, convierten en escoria y dividendos todo lo que tocan. Bancos, prestamistas, grandes constructoras, especuladores inmobiliarios, políticos en época de oportunismo abierto … actúan con total desprecio por este litoral, este clima que tanto dicen apreciar. Valoran flora, fauna y ecosistemas en general sólo en función del provecho económico que se les pueda sacar.

Por razones que no entraremos a analizar aquí, el fin de la huerta y la industria como pilar económico en este país se intuye cercano. Por lo tanto, el turismo de calidad y poderío económico pasa a ocupar el hueco y la forma de mercancía que quedaba vacío, y es tratado como tal, agilizando las vías de comunicación entre producto y consumidor mediante extensas redes de carreteras, trenes, aeropuertos que traerán y atraerán al turismo-mercancía hacia el lugar que será a la vez producto y lugar de partida de nuevos consumos. Para asegurar su crecimiento económico y las ganancias para todos los implicados en este atraco, es necesario avanzar por encima de toda la población destruyendo lo que hasta ahora era su ritmo de crecimiento, su forma de vida y su entorno, y es necesario hacerlo con la menor oposición popular y la mayor discreción posible, haciendo cómplices a parte del pueblo con suculentas migajas y taimadas promesas de mejoras sociales.

Primero montan un escenario de huerta en declive y ruina industrial, después aparecen en escena trayendo la solución a nuestros males a condición de renunciar a las pocas tenencias que anteriormente no nos habían robado. A muchos metros sobre nuestras cabezas vuelven a decidir cómo, donde y en qué condiciones vamos a existir, en qué y de qué vamos a malvivir.

La oposición a estos proyectos en forma de procesiones, sentadas, protestas oficiales con cientos de firmas y demás formas que toma el rechazo tibio, se han mostrado incapaces hasta la fecha de parar de forma algo concluyente esta vorágine de grúas, ladrillos, cemento e inmobiliarias. Esto debería hacernos reflexionar sobre los efectos de ciertas formas de rechazo y empezar a cuestionarse otras que por intereses partidistas o juegos políticos se están quedando en le tintero de la lucha contra el cemento.

La figura del espectador pasivo pero indignado se reproduce en la población a la sombra de ese ser descomunal e imparable que la locura urbanística a proyectado. Pero es necesario reconsiderar nuestra posición, si el urbanista se implica a fondo en la consecución de sus objetivos, nuestra implicación como principales perjudicados a la larga, ha de ser a fondo. La delegación en otros de nuestra oposición, la moderación y tibieza en las protestas de ciertos sectores con aspiraciones políticas no ha de ser la nuestra. Dejemos de ver al ladrillo como un gigante, y nuestra oposición como inútil, y comencemos a cambiar las estrategias de rechazo, a golpear al gigante. Hasta que caiga. Cuanto más tarde en caer, mayor será el daño que nos haya hecho. Y hasta ahora ya es bastante.

A continuación reproducimos una lista de algunos de los daños que este bendito turismo-mercancía nos ha ocasionado en Murcia. Y es que: nunca la locura urbanística para obtener la mayor cantidad de dinero del enjambre turístico, nos había dado tanto trabajo.

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